"Me he sobrepuesto a la repulsión nerviosa que sentía por las
imágenes. No me preocupan. Vivo confortablemente en el museo, libre de
las crecidas. Duermo bien, estoy descansado y tengo, nuevamente, la
serenidad que me permitió burlar a los perseguidores, llegar a esta isla".
"Estoy acostumbrándome a ver a Faustine, sin emoción, como a un
simple objeto. Por curiosidad, la sigo desde hace unos veinte días. Tuve
pocas dificultades, a pesar de que abrir las puertas —aun las cerradas
sin llave— es imposible (porque si estaban cerradas cuando se
grabó la escena, tienen que estarlo cuando se proyecta)".

